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La regla de las BBB (Bueno, Bonito, Barato)

Todos conocemos la regla de las BBB, sobre todo cada vez que pedimos un servicio BuenoBonito y Barato. De lo que no somos normalmente conscientes es que esta regla sólo se cumple con la combinación BB-NoB, es decir:

 

Si es Bueno y Bonito, no puede ser Barato

Si es Bonito y Barato, no puede ser Bueno

Si es Bueno y Barato, no puede ser Bonito

 

Las tres B normalmente nunca van juntas salvo alguna rara excepción. Lo hemos trasladado al terreno de la producción gráfica, con anécdotas reales que nos ha tocado presenciar en más de una ocasión.

Caso Bueno y Bonito, pero no Barato

Cliente que necesita 1.000 tarjetas para etiquetar sus productos de venta online de gama media-alta y quiere que esa tarjeta transmita con solo tocarla y verla la sensación de que se ha comprado un artículo de calidad superior. Después de evaluar todas los soportes posibles, ajustando medidas buscando la mejor optimización del pliego de impresión, no había manera de que el presupuesto de impresión bajara de los 250 €. Se imprimieron sobre cartulina estucada de 350 g, con fondo litografiado con doble pase de negro cubriente más una capa de barniz acrílico, adicionalmente laminado mate y barniz selectivo 2D, finalizado con un troquelado a medida y forma especial. Definitivamente, la etiqueta no solo transmitía calidad, sino también lujo y exclusividad, claro que no fue una producción de bajo presupuesto

 

Caso Bonito y Barato, pero no Bueno

Para este ejemplo siempre me viene a la mente una imprenta online muy popular que ofrece tarjetas de visita a muy bajo precio, muchas veces por debajo del coste de producción, e inclusive tiene un apartado de tarjetas gratis. Y es que no puede haber un ejemplo mejor… he hablado con varios clientes que vienen con su tarjeta en la mano, desilusionados y enfadados, con tarjetas de cartulina muy delgada, casi papel. Cuando las tarjetas eran muy baratas, los gastos de envío superaron con creces el precio de impresión de unas tarjetas premium en la imprenta del barrio, y tuvieron que esperar un tiempo excesivo para recibir su pedido. Y si hicieron gratis, además de pagar esos mismos gastos de envío exagerados recibieron  las tarjetas con la publicidad de esta empresa impresa en el dorso de sus tarjetas, es decir, pagaron para hacer publicidad a la página web donde las encargaron… ninguna de las dos opciones parece muy buena.

 

Caso Bueno y Barato, pero no Bonito

Para este caso conocemos muchas anécdotas, pero quizás una de las más recurrentes es cuando se presenta una impresión de tarjetas de visita con fondos oscuros o negros a sangre y le recomendamos al cliente que invierta un poquito más y añada un acabado laminado (plastificado, peliculado) para proteger la impresión de ralladuras y desportillados en el borde, normalmente inevitables a la misma hora de cortar el material en la guillotina. Muchos clientes aceptan con buena gana la sugerencia, pero nunca falta quien pone el grito en el cielo por el pequeño incremento que significa un acabado laminado y decide obviar el consejo. En estos casos sucede que, a pesar de haber escogido un buen material, en poco tiempo termina entregando unas tarjetas estropeadas que proyectan una imagen poco profesional.

Con todo esto no queremos decir que para obtener buenos resultados de impresión haya que pagar un ojo de la cara, ni mucho menos. Basta simplemente con ser consecuentes con lo que necesitamos, lo que queremos pagar y lo que deseamos recibir a cambio.

  • En el primer caso, el cliente tenía muy claro qué quería y decidió hacer la inversión que ello requería.
  • En el segundo caso, por el precio que terminaron pagando los dos clientes en gastos de envío de una empresa web, hubieran podido hacerse unas tarjetas más que decentes en la imprenta de su zona, habrían podido escoger el tipo de papel que querían y las hubieran tenido en un tiempo decente.
  • En el tercer caso, si la opción de pagar un suplemento por un acabado que va a proteger la impresión no es posible, es preferible modificar el diseño gráfico de modo que la falta de un laminado no termine en una tarjeta fea y estropeada.

 

En cualquier caso siempre es preferible consultar con tu imprenta, dejarte asesorar, y aunque es cierto que siempre habrá alguna empresa con prácticas comerciales no apropiadas, la consulta a varias imprentas te ayuda a diferenciar los simples “vendedores de humo” de los verdaderos asesores gráficos.